Juegos Populares

I. El Warakkaku (Puna. Capital de la Prov. Linares).

Es tradicional e impostergable que en la octava de la fiesta de La Concebida, se realice entre los principales alféreces de los barrios de Siwaruyu y Jara japi, el juego del Warakkaku, especie de justa de varones en broma.

A las 2 p.m. de la tarde se concentran en la puerta de la iglesia o en la de la subprefectura, las comparsas correspondientes a cada barrio, formando un amplio ruedo. Salen al centro los alféreces respectivos a cada grupo. Se colocan aproximadamente a diez pasos. Cada uno lleva en la mano una warakha (quichua: honda). Por turno deben hondearse una sola vez.

Al que le toca hondear se alista. El que debe recibir el hondazo, cumpliendo con las reglas de la justa, coloca su propia honda sobre la cabeza y la sostiene tirante por las puntas, a la altura de los hombros.

Cuando es lanzado el hondazo, el que recibe no puede mover los pies del sitio, solamente puede hacer el quite del proyectil con el movimiento del cuerpo y la cabeza.

Lo gracioso de esta justa en broma, o divertimiento colectivo, es que los proyectiles son quesos medianos, llamados quesillos por la suavidad de la masa. Muchas veces se ha visto que el quesillo reviente en la cara del contrincante, provocando la hilaridad general del pueblo espectador.

II. Makhanaku (Cantón Calcha. Prov. Nor Chichas).

Justa de varones que se realiza al día siguiente de la fiesta de Todos Santos, durante la kacharpaya.

Toman parte los jóvenes, que asisten en grupos al lugar que tradicionalmente les sirve de arena.

El juego empieza así: dos jóvenes que se han desafiado, se colocan uno en frente del otro. Cada cual ha amarrado su cintura con una waska o cinturon de cuero.

Para empezar el verdadero juego, cada jugador se agarra del cinturón del contrincante, a la altura de las caderas. Así agarrados mutuamente, a una voz empiezan el forcejeo y consiste el juego en voltear al contrario en su propio campo, o sea que el jugador trata de atraerlo al contrario para derribarlo.

Gana el que ha volteado al otro, terminando el juego entre risotadas y buen humor de los espectadores. El perder, en el jugador calcheño no crea re-sentimiento.

La palabra makhanaku, en lengua quichua quiere decir pelea.

III. Tinku (San Pedro de Buena Vista. Comunidad Laimes y Jukumanis).

Es justa de varones, pelea cuerpo a cuerpo, donde la valentía y la crueldad, estimulada por el alcohol, pasa del límite humano.

El tinku que en su origen presumiblemente fue una diversión popular, hoy se ha convertido en dirimidora de pleitos, rencillas, enemistades familiares, odios personales, desvirtuando el motivo de su creación. En el tinku se soluciona cualquier inquina y se paga toda deuda.

Son tradicionales y famosos los tinkus que realizan las comunidades rivales de Laimes y Jukumanis, de San Pedro de Buena Vista.

Uniforme del participante.

Un casco de cuero, trabajado con una técnica especial que da al cuero la dureza del metal, y sirve para proteger la cabeza. El casco en su forma se parece a cierto tipo de cascos que usaban los gladiadores en las arenas del circo.

Una pechera del mismo material e idéntica consistencia que llega hasta cubrirle el sexo.

En las manos anillos de acero o de bronce con adornos de garras y aristas para que con la fuerza del golpe desgarre las carnes del contrario.

Otras veces llevan manoplas especiales, llamadas ñuquis.

Costumbres tradicionales.
En cada ayllu o familia, adiestran desde niños a un varón y una mujercita para que ellos de jovenzuelos les representen en el tinku.

Aprenden desde la infancia a pelear cuerpo a cuerpo.

En el tinku intervienen también mujeres y pelean entre ellas y, a decir de los informantes, son más crueles y se maltratan horrorosamente.

Mientras dura el combate, se ameniza con orquestas de instrumentos de cañas largas; los hombres y mujeres que no participan bailan trotando en círculo.

El combate.
Es tradición que el campo de batalla sea la playa del río Kaine.

Los contendientes se reúnen en dos grandes grupos y antes de entrar en combate beben chicha y alcohol. Alcoholizados pierden el miedo y se tornan temerarios en la lucha.

La batalla empieza a puñadas. Los participantes llevan anillos y manoplas en los dedos que revientan las carnes del contrincante. Se pelea cuerpo a cuerpo y mientras más se enardecen crece el furor y la cólera y mayor es la confusión de la pelea. Llega un momento en que el combate y el griterío es inenarrable.

Los que se sienten perdidos empiezan a replegarse, momento que se inicia la pedrea y objetiva-mente es una lluvia de piedras las que caen sobre ambos grupos.

Los que quedan en el campo junto con los muertos, son los triunfadores, es el ayllu que ha ganado y le corresponde un año de mando y hegemonía sobre el otro.

El triunfo es festejado ruidosamente y a veces dura hasta un mes.

Hasta ahora no se ha podido descubrir qué hacen con los cadáveres. Se presume que los entierran durante la noche para burlar el castigo de la ley, porque al día siguiente el campo está limpio de huellas de haber sido escenario de tan cruel combate.

IV. Cabretilla. (Cantón Tinguipaya. Prov. Frias).

Justa varonil. Torneo de destreza. Consiste en que cada contendor jala hacia su lado la pieza en disputa que es un cabrito muerto, cuyas patas, previamente, han sido descueradas. Es bastante difícil defender y retener la pieza en las propias manos, debido a que las partes del animal que sostiene cada jugador es resbaladiza por las carnes flemosas.

El juego ejecutan los participantes montados en caballitos criollos, donde los jinetes, gentes del poblado, generalmente se encuentran ebrios.

El que gana la partida adquiere notoriedad y da prestigio a su comunidad.

V. Morokheada (Cantón Calcha, Prov. Nor Chichas).

Se realiza durante el octavario de Pentecostés o El espíritu. Es justa de varones. Después de la misa parroquial las comunidades de los diferentes ay llus festejantes, se trasladan hasta el lugar denominado puca-pampa, a 2 km. del pueblo; allí también acuden las vivanderas y negociantes con cántaros de chichas y comidas regionales y levantan ramadas de-bajo de los algarrobos y molles.

La justa es amenizada por tocadores del instrumento walaycho, aerófono, y los ejecutantes reciben el nombre de grupos de walaychos.

Antes, los diferentes ayllus, discretamente han escogido a los varones, seleccionados entre los fuertes y diestros, que deben tomar parte en la justa.

Primero se desafían y luego se colocan uno frente al otro. La justa consiste en golpearse por turno en las canillas o los muslos y pantorrillas. Para ello colocan un pie delante y el otro atrás y teniendo cerca a sus autoridades que liaran de réferis en la contienda. El juego no llega a lo brutal, pero si es torpe y a veces de lamentables consecuencias. Todo el acto esta amenizado por música de walaycho.

Morokheada, viene de morokho, en quichua piedra esférica que sirve para moler. En este caso el morokho es un ovillo de lana que tiene de alma una pequeña piedra esférica.

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—Perkha patapi manteca manquita.
Traducción: sobre la pared una ollita de manteca.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Larkhata pfinquini Uokhe k'ullu llokheriskha.
Traducción: salta la acequia con un palo debajo del brazo izquierdo.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Alkhoypis wallperollaraj.
Traducción: mi perro es todavía cuidador de gallinas.
(r. C. Vitichi. Prov. Nor Chichas).

Nota
Este pasatiempo tan popular en nuestro medio, en las áreas campesinas del departamento de Potosí, la mayoría son en lengua quichua, en razón de que el habitante de dichos lugares prefiere utilizar su lengua madre en muchos aspectos y situaciones. Parece increíble que camino a los quinientos años de imposición de la lengua española, hasta ahora ella no fuera vigente en los grupos nativos bolivianos.

Hasta ahora no hemos elaborado un cancionero boliviano que registre toda nuestra riqueza poética de creación popular. En relación a lo que atesoramos, poco se ha hecho. Se ha recogido alguna coplería perteneciente a determinadas áreas folklóricas pero una obra vertebrada a nivel nacional no tenemos. Una razón más que justifica la publicación de la coplería que pudimos recoger en el departamento de Potosí.

A
AJÍ DE CAMINANTE. (Mina Siglo XX). Vianda preferida por el minero. (Ver cap. Comidas).

ARMADO. (Mina Pailaviri-Potosí). Es el individuo que está sacando de la mina el mineral sustraído, sea en bolsitas o en la forma personal de su ingenio.

ARME. (Mina Pailaviri-Potosí). Es la técnica de ocultar en el cuerpo el mineral que se está robando.

En la toponimia del departamento de Potosí, se observa que la mayoría de los nombres de sitios, lugares, parajes, cerros, minas, etc., si no están en idioma aimará, por lo menos provienen de él o tienen raíz de esta lengua, lo que puede afianzar la teoría de que la expansión del imperio aimará o kolla había pasado los límites de los Charcas.

A

ACACIO. Cantón de Prov. General Bilbao. (Antes perteneció a Prov. Charcas). Del aimará: acaja, aquí está, esto.

La costumbre de apodar es una característica sociológica del pueblo boliviano más adentrada en algunas regiones que en otras. En Potosí es vigente la costumbre y en éste capítulo consignamos los apodos que tienen carácter regional o colectivo:

BARTOLOS, a. de los oriundos del cantón Betanzos, provincia Cornelio Saavedra. El apodo se origina en que festejan con mucho boato y entusiasmo el día de San Bartolomé, patrono del pueblo.

Era una vez una cholita que tenía que casarse con un caballero. Su suegra le ha dicho: cuantos días faltan para el matrimonio. ¿Ya has hecho la chicha? No todavía, traigan maíz, y le habían dado el maíz. La cholita tenía jarritos de plata y en cada jarrito chiquito había puesto cuatro maicitos. Su suegra le ha dicho:

—Esto es hacer chicha. —Si pues.
—Qué es esto, no va alcanzar ni pa el perro, menos para mí.
—Entonces ustedes háganse. Y se había ido acostar y a la media noche se había levantado y se había escapado.