8. El kkullu wawa

Había nacido el kkullu wawa y a los dos días había pedido carne y papas. Su mamá no quería darle pensando que le iba a ser mal. Su papá le ha dado una papa y una carne. Al día siguiente quería más y le han dado cuatro papas y cuatro carnes. A los cuatro días ya estaba caminando y había ido a cazar vizcachas y descuerándolas se las había comido así crudas. Su papá que le estaba vigilando le había visto:

— ¿Por qué comes carne cruda? —le ha dicho.
—Es que tengo mucha hambre! —ha dicho el kkullu wawa.

Entonces su padre le había comprado un toro y había puesto en el horno harto pan, para que coma su hijo.

El kkullu wawa en un día se lo había terminado. Viendo esto su padre le había dicho:

—Ya no podernos mantenerte, somos viejos y tu comes mucho, tienes que irte, te lo vamos a conseguir una muía y cuatro peones.
—Bueno —había dicho el kkullu wawa. De ahí se ha ido a otra nación. Para el camino se lo habían puesto harta comida.
Cuando había estado llegando el kkullu wawa al pueblo, una señora con su hija había estado saliendo por ahí. La señora le había dicho:
— ¿Dónde estás entrando señor? Ya no entres. —Por qué —ha preguntado.
—Nos están terminando ya comiendo el condenado. Está lleno de condenados. Por eso nosotros nos estamos yendo.

El kkullu wawa ha dicho:
— ¡Qué condenado!, ¡Qué condenado! ¡Yo no tengo miedo al condenado!
Y viendo que sus peones se han puesto a temblar de miedo, el kkullu wawa había dicho:
— ¡Ustedes tienen que entrar conmigo!
Habían entrado al pueblo y se habían alojado en una casita que estaba deshecha y su khokhawi (merienda) había comido.
—Tengo todavía hambre —ha dicho el kkullu wawa— vayan a traer leña, yo voy a buscar carne.

Él había ido a buscar carne. En una casa estaban secando carne. Charque. Eran gentes.
— ¿Me puede vender su carne?
—Como no.
Eran gentes pero eran condenados.
—Cierto que hay aquí condenados? —ha preguntado el kkullu wawa.
—No, es mentira, nosotros somos gentes.

Y se había llevado la carne seca que era carne de gente. Habían hecho asado y cuando han comido han ido a la iglesia, y en la iglesia habían hartos condenados. Cuando han abierto la puerta han salido y al kkullu wawa lo habían votado por aquí y por allá. Los cuatro peones se habían escapado y el kkullu wawa los habían encontrado y les había dicho:

—Ustedes qué van a hacer aquí, mejor váyanse, conmigo se verá el condenado.

Cuando se habían ido los peones, el kkullu wawa había regresado a la iglesia, se había peleado con los condenados y a toditos les había muerto, y ataukado encima, encima, muertos.
Cuando había terminado ha subido a la torre a buscar al cura. Estaba ocultado.
— ¡Vos eres condenado! — le ha gritado.
—No, soy el kkullu wawa, yo soy tu hijo.

Después de ahí habían bajado.
— ¿Y esto? —le había dicho el cura.
—Estos son los condenados que yo he matado.
—Aura qué vamos hacer con estos.
—Les vamos a quemar.
— ¿Y con qué? —le había dicho.
—Con leña, yo voy a ir por leña.

Había ido pues por leña y había traído también tigres y leones con sogas de víboras. El cura se había asustado. El cura le había dicho:

—Estos animales tienes que ir a dejar en su lugar.

El kkullu wawa había ido a dejar, y ha traído leña y han quemado a los condenados toditos.

—Aura vamos hacer una misa, vas a ser mi sacristán, tres veces vas a sonar la campana. El kkullu wawa había subido a la torre y había tocado tres veces como le había dicho el cura. Ese día bien. Al día siguiente había subido otra vez, y de la torre se había caído y se había muerto el kkullu wawa. El cura le había enterrado.

(Relató el adolescente Jaime Marka. Cantón Millares. Prov Frías. Diciembre de 1976. Escuchó a su abuela de 80 años de edad).

Contenidos Relacionados

—Perkha patapi manteca manquita.
Traducción: sobre la pared una ollita de manteca.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Larkhata pfinquini Uokhe k'ullu llokheriskha.
Traducción: salta la acequia con un palo debajo del brazo izquierdo.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Alkhoypis wallperollaraj.
Traducción: mi perro es todavía cuidador de gallinas.
(r. C. Vitichi. Prov. Nor Chichas).

Nota
Este pasatiempo tan popular en nuestro medio, en las áreas campesinas del departamento de Potosí, la mayoría son en lengua quichua, en razón de que el habitante de dichos lugares prefiere utilizar su lengua madre en muchos aspectos y situaciones. Parece increíble que camino a los quinientos años de imposición de la lengua española, hasta ahora ella no fuera vigente en los grupos nativos bolivianos.

Hasta ahora no hemos elaborado un cancionero boliviano que registre toda nuestra riqueza poética de creación popular. En relación a lo que atesoramos, poco se ha hecho. Se ha recogido alguna coplería perteneciente a determinadas áreas folklóricas pero una obra vertebrada a nivel nacional no tenemos. Una razón más que justifica la publicación de la coplería que pudimos recoger en el departamento de Potosí.

A
AJÍ DE CAMINANTE. (Mina Siglo XX). Vianda preferida por el minero. (Ver cap. Comidas).

ARMADO. (Mina Pailaviri-Potosí). Es el individuo que está sacando de la mina el mineral sustraído, sea en bolsitas o en la forma personal de su ingenio.

ARME. (Mina Pailaviri-Potosí). Es la técnica de ocultar en el cuerpo el mineral que se está robando.

En la toponimia del departamento de Potosí, se observa que la mayoría de los nombres de sitios, lugares, parajes, cerros, minas, etc., si no están en idioma aimará, por lo menos provienen de él o tienen raíz de esta lengua, lo que puede afianzar la teoría de que la expansión del imperio aimará o kolla había pasado los límites de los Charcas.

A

ACACIO. Cantón de Prov. General Bilbao. (Antes perteneció a Prov. Charcas). Del aimará: acaja, aquí está, esto.

La costumbre de apodar es una característica sociológica del pueblo boliviano más adentrada en algunas regiones que en otras. En Potosí es vigente la costumbre y en éste capítulo consignamos los apodos que tienen carácter regional o colectivo:

BARTOLOS, a. de los oriundos del cantón Betanzos, provincia Cornelio Saavedra. El apodo se origina en que festejan con mucho boato y entusiasmo el día de San Bartolomé, patrono del pueblo.

Era una vez una cholita que tenía que casarse con un caballero. Su suegra le ha dicho: cuantos días faltan para el matrimonio. ¿Ya has hecho la chicha? No todavía, traigan maíz, y le habían dado el maíz. La cholita tenía jarritos de plata y en cada jarrito chiquito había puesto cuatro maicitos. Su suegra le ha dicho:

—Esto es hacer chicha. —Si pues.
—Qué es esto, no va alcanzar ni pa el perro, menos para mí.
—Entonces ustedes háganse. Y se había ido acostar y a la media noche se había levantado y se había escapado.