4. El matrimonio de Suttu y la llegada de Atoj

Un día Suttu (conejo) transformándose en un simpático pastorcillo, de ojos vivaces y un par de dientes incisivos prolongados y hacia adelante, vestido con un ponchito rojo, con sombrero ovejón raído y ojotas nuevas, se presentó a un hortelano pidiéndole trabajo en la hacienda.

El hombre lo miró. Observó que los ojos eran notoriamente brillantes, muestra de viveza dijo, y después de algunas preguntas lo acepto. Paco el tiempo. Suttu era uno de los más diligentes entre la servidumbre. Andaba limpio.se levantaba temprano y mostraba una extraña preferencia por regar el maizal.

—Tan solo tiene un defecto —decían los otros colonos— el de comer haciendo sonar corno si ras-para algo.

Llegó la época en que los maizales se endulzan y los conejos merodean por los campos en busca de la exquisita golosina. Sutíu para quien había llegado el momento esperado, se levantó una noche y corriendo hacia el huerto dio comienzo al placer de llenar su estómago con tiernos choclos. Pero tenía la mala costumbre de ir probando distintas mazorcas hasta encontrar la que estuviera sazonada para su paladar. Varias noches se repitió la visita, y a los días siguientes el presumible alboroto del patrón que encontraba diez u ocho plantas derribadas. Aburrido de no dar con el dañino ideó una trampa con un muñeco de alquitrán.

Una noche que Suttu se dirigía a su entretenimiento, distinguió en la oscuridad una figura humana.

— ¡Retírate negro ladrón!, si no quieres que de un puntapié lo haga... —le gritó Suttu varias veces.

Pero como al muñeco no se le movía un pelo escuchando los insultos, emprendió a golpes con él, que-dando el infeliz aprisionado en el alquitrán.

El día siguiente, el hacendado descubrió que el conejo de poncho y pantalón, era quien abusaba de su confianza. Cogiéndolo de las patas traseras le dijo:

— ¡Aja! Jusccu malvado, ahora vas a pagar con tu pellejo mis choclos.

Sujetándolo a un molle se fue a hervir la olla de agua para remojarlo. Suttu quedó descorazonado esperando su triste final.

Mucho tiempo estuvo el conejo pensando en el remojón de agua caliente que le aguardaba, cuando a pocos metros del lugar se dibujó la silueta de Atoj Antoño, que muy compuesto y silbando una tonada antigua, paseaba a manera de hacer digestión.

— ¡Tiyuy!... ¡Tiyuy!... —le gritó el conejo— kaysitullaman jamuy há... (¡tío!... ¡Tío!... ven aquí a mi lado, acércate).
— ¡Já, já, já!... —río Atoj al verlo amarrado y tembloroso— qué te pasa Suttu?
—Ay tiyuy... —le contó el conejo— mi desgracia es muy grande. Aquí trabajaba de colono y un buen día a mi patrón se le ha ocurrido casarme con tu hija. Yo me he negado, porque ella es muy alta tiyuy. No sabría cómo cumplir mis deberes de marido.
—iAja —dijo el zorro erizando sus mostachos raquíticos y ralos y parando las orejas.
—Ay tiyuy —continuó el conejo presumiendo el pensamiento del zorro— es como para ti, de tu tamaño... ¡ay! que hermosa pareja formarían; ella no extrañaría nada y tú la harías muy feliz, con lo que te gusta tener prole y lo robusto que eres! Por qué no te quedas en mi lugar?...

El zorro lo miró sonriente y halagado en su vanidad de macho consintió quedarse en vez del conejo, quien lo amarró fuertemente al molle.

Pasados unos minutos volvió el hortelano y asombrado notó el cambio operado. Pensó que el conejo habíase disfrazado para engañarlo por segunda vez. —Aunque te vuelvas zorro —le gritó iracundo— a mí ya no me engañas.

Atoj escuchó aquellas palabras y dijo para sí: éste aún se resiste a creer que me casaré con su hija, en fin, serán sus últimos insultos, dejémosle". Pero no tuvo más tiempo de cavilar porque el hortelano lo cogió de la cola y llevándolo a la cocina lo introdujo en una olla con agua hirviendo. Atoj al sentir que el agua caliente le despellejaba el cuero, entre desgarradores aullidos le decía al hombre:

— ¡Si quiero casarme!... ¡Traigan a tu hija!... ¡Quiero casarme con tu hiiiiija...

El hortelano lo miró extrañado y levantando los hombros le respondió:

— ¡Qué casamiento ni que casamiento! Así yo castigo a quien me roba los choclos! Y si tanto quieres casarte será pelado como una calabaza, —y volvió a introducirlo al agua hirviente.

Entonces el infeliz Atoj, con mordiscos y aullidos logró liberarse de su verdugo y huir a todo lo que daban sus patas, en busca de aquel conejo pícaro y fullero.

(Relató en lengua quichua doña Dominga Titizano. Cantón Quechisla, Prov. Nor Chichas. 1949. Publicado en Literatura Folklórica, recogida de la tradición oral boliviana en 1953).

Contenidos Relacionados

—Perkha patapi manteca manquita.
Traducción: sobre la pared una ollita de manteca.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Larkhata pfinquini Uokhe k'ullu llokheriskha.
Traducción: salta la acequia con un palo debajo del brazo izquierdo.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Alkhoypis wallperollaraj.
Traducción: mi perro es todavía cuidador de gallinas.
(r. C. Vitichi. Prov. Nor Chichas).

Nota
Este pasatiempo tan popular en nuestro medio, en las áreas campesinas del departamento de Potosí, la mayoría son en lengua quichua, en razón de que el habitante de dichos lugares prefiere utilizar su lengua madre en muchos aspectos y situaciones. Parece increíble que camino a los quinientos años de imposición de la lengua española, hasta ahora ella no fuera vigente en los grupos nativos bolivianos.

Hasta ahora no hemos elaborado un cancionero boliviano que registre toda nuestra riqueza poética de creación popular. En relación a lo que atesoramos, poco se ha hecho. Se ha recogido alguna coplería perteneciente a determinadas áreas folklóricas pero una obra vertebrada a nivel nacional no tenemos. Una razón más que justifica la publicación de la coplería que pudimos recoger en el departamento de Potosí.

A
AJÍ DE CAMINANTE. (Mina Siglo XX). Vianda preferida por el minero. (Ver cap. Comidas).

ARMADO. (Mina Pailaviri-Potosí). Es el individuo que está sacando de la mina el mineral sustraído, sea en bolsitas o en la forma personal de su ingenio.

ARME. (Mina Pailaviri-Potosí). Es la técnica de ocultar en el cuerpo el mineral que se está robando.

En la toponimia del departamento de Potosí, se observa que la mayoría de los nombres de sitios, lugares, parajes, cerros, minas, etc., si no están en idioma aimará, por lo menos provienen de él o tienen raíz de esta lengua, lo que puede afianzar la teoría de que la expansión del imperio aimará o kolla había pasado los límites de los Charcas.

A

ACACIO. Cantón de Prov. General Bilbao. (Antes perteneció a Prov. Charcas). Del aimará: acaja, aquí está, esto.

La costumbre de apodar es una característica sociológica del pueblo boliviano más adentrada en algunas regiones que en otras. En Potosí es vigente la costumbre y en éste capítulo consignamos los apodos que tienen carácter regional o colectivo:

BARTOLOS, a. de los oriundos del cantón Betanzos, provincia Cornelio Saavedra. El apodo se origina en que festejan con mucho boato y entusiasmo el día de San Bartolomé, patrono del pueblo.

Era una vez una cholita que tenía que casarse con un caballero. Su suegra le ha dicho: cuantos días faltan para el matrimonio. ¿Ya has hecho la chicha? No todavía, traigan maíz, y le habían dado el maíz. La cholita tenía jarritos de plata y en cada jarrito chiquito había puesto cuatro maicitos. Su suegra le ha dicho:

—Esto es hacer chicha. —Si pues.
—Qué es esto, no va alcanzar ni pa el perro, menos para mí.
—Entonces ustedes háganse. Y se había ido acostar y a la media noche se había levantado y se había escapado.