2. El banquete celestial.

Era época remota cuando ocurrió lo siguiente: El Atoj, aún tenía la boca pequeñita y los pájaros vivían como hoy en los árboles, pero se alimentaban en el cielo.

Un día Mallku se encontró con el Atoj y éste rogó al señor de los aires lo invitara a uno de esos banquetes que tanto daban que hablar a los animales de la tierra y que se hacían en esas alturas, donde no se comía carne putrefacta sino deliciosos alimentos y con preferencia uno que parecía arena.

—Bueno —dijo el arrogante Mallku—, te llevaré, pero con la condición de que no hagas ninguna malacrianza, especialmente esa de roer huesos.

Atoj aceptó la proposición y, acto seguido, fue cogido por Mallku cuyas garras se prendieron de su lomo escuálido y elevado a altura increíble. Le depositó sobre un enorme nubarrón. A poco tiempo llegaron todas las aves de la creación y dieron principio al festín cuotidiano. Sobre enormes aguayos había maíz, quinua y cañahua en abundancia, y más allá, carnes de animales salvajes para las aves carnívoras.

Terminado el festín, todos satisfechos abandonaron la mesa del convite. Atoj, solapadamente se atrasó, y cuando se vio solo, cayó en la tentación de roer los huesos mondados por los picos de los cóndores.

— ¡Aja! —dijo atronadoramente Mallku, saliendo de detrás de una nube— quería comprobar si cumplías tu promesa; siempre serás falso. Tu castigo será dejarte en estas alturas.

Y se alejó volando majestuoso.

El pobre Atoj corría de un lado para otro, viendo desde el pretil la descomunal distancia que le separaba de la tierra. Se lamentaba de su suerte con aullidos prolongados, que fueron oídos por unos papachiuchis (pajarillos de la región) y percatados de lo que ocurría a Tio Antoño (Otro nombre del zorro), decidieron ayudarlo trayendo una soga hecha de cortaderas (lianas vegetales).

Bajaba Atoj por la soga de cortaderas y vio pasar cerca una bandada de loros. Y como es parlan-chin y fastidioso, les grito para molestarlos:

¡Loros khecha siquiiis!... (Loros con diarrea)
Los loros que seguían su vuelo, escucharon el insulto y regresaron afanosos a cortar con sus filos picos la soga de cortaderas. Entonces Atoj les convenció que era una burla amigable. Los loros aceptaron la disculpa y se fueron, pero el zorro no pudo contener su despecho y en la seguridad que se encontraban lejos, les volvió a insultar:

— ¡Loros kkechi michiiis!... (¡Loros, hollín de la cocina).
Los loritos volvieron e iban a repetir la venganza, pero el astuto zorro, con mil zalamerías los con-venció nuevamente que era una burla amistosa. Cuando por segunda vez se alejaban, Atoj viendo que le restaba muy poco para llegar a tierra, les gritó:

— ¡Loros khechichiiiis!... (¡Loros insignificantes!)

Los insultados retomaron enfurecidos, y sin escuchar explicaciones ni aullidos de terror del zorro, cortaron vertiginosamente la cuerda, y Atoj se vio en el aire sin ningún sostén y gritando:

— ¡Tiendan apichusis!... ¡Tiendan manteos;... (Tiendan tejidos de lana).

Y como nadie le oía o no quería oírle por su fama de mentiroso y solapado, cayó al suelo reventando como una naranja madura.

De este modo, hay en la tierra —dicen— maíz, quinua y cañahua, porque al reventar la barriga del zorro, se esparció en la tierra todo lo que había comido en el cielo.

(Relató en lengua quichua doña Dominga Titizano. Cantón Que-chisla. Prov. Nor Chichas. 1949. Se Publicó en Literatura Folklórica, recogida de la tradición oral boliviana en 1953).

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—Perkha patapi manteca manquita.
Traducción: sobre la pared una ollita de manteca.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Larkhata pfinquini Uokhe k'ullu llokheriskha.
Traducción: salta la acequia con un palo debajo del brazo izquierdo.
(r. C. Pocoata. Prov. Chayanta).

—Alkhoypis wallperollaraj.
Traducción: mi perro es todavía cuidador de gallinas.
(r. C. Vitichi. Prov. Nor Chichas).

Nota
Este pasatiempo tan popular en nuestro medio, en las áreas campesinas del departamento de Potosí, la mayoría son en lengua quichua, en razón de que el habitante de dichos lugares prefiere utilizar su lengua madre en muchos aspectos y situaciones. Parece increíble que camino a los quinientos años de imposición de la lengua española, hasta ahora ella no fuera vigente en los grupos nativos bolivianos.

Hasta ahora no hemos elaborado un cancionero boliviano que registre toda nuestra riqueza poética de creación popular. En relación a lo que atesoramos, poco se ha hecho. Se ha recogido alguna coplería perteneciente a determinadas áreas folklóricas pero una obra vertebrada a nivel nacional no tenemos. Una razón más que justifica la publicación de la coplería que pudimos recoger en el departamento de Potosí.

A
AJÍ DE CAMINANTE. (Mina Siglo XX). Vianda preferida por el minero. (Ver cap. Comidas).

ARMADO. (Mina Pailaviri-Potosí). Es el individuo que está sacando de la mina el mineral sustraído, sea en bolsitas o en la forma personal de su ingenio.

ARME. (Mina Pailaviri-Potosí). Es la técnica de ocultar en el cuerpo el mineral que se está robando.

En la toponimia del departamento de Potosí, se observa que la mayoría de los nombres de sitios, lugares, parajes, cerros, minas, etc., si no están en idioma aimará, por lo menos provienen de él o tienen raíz de esta lengua, lo que puede afianzar la teoría de que la expansión del imperio aimará o kolla había pasado los límites de los Charcas.

A

ACACIO. Cantón de Prov. General Bilbao. (Antes perteneció a Prov. Charcas). Del aimará: acaja, aquí está, esto.

La costumbre de apodar es una característica sociológica del pueblo boliviano más adentrada en algunas regiones que en otras. En Potosí es vigente la costumbre y en éste capítulo consignamos los apodos que tienen carácter regional o colectivo:

BARTOLOS, a. de los oriundos del cantón Betanzos, provincia Cornelio Saavedra. El apodo se origina en que festejan con mucho boato y entusiasmo el día de San Bartolomé, patrono del pueblo.

Era una vez una cholita que tenía que casarse con un caballero. Su suegra le ha dicho: cuantos días faltan para el matrimonio. ¿Ya has hecho la chicha? No todavía, traigan maíz, y le habían dado el maíz. La cholita tenía jarritos de plata y en cada jarrito chiquito había puesto cuatro maicitos. Su suegra le ha dicho:

—Esto es hacer chicha. —Si pues.
—Qué es esto, no va alcanzar ni pa el perro, menos para mí.
—Entonces ustedes háganse. Y se había ido acostar y a la media noche se había levantado y se había escapado.