De entre los deportes que se han practicado en Bolivia, el fútbol es el que ha contado con mayor repercusión, no sólo por su práctica, sino por el impacto social que ha tenido como deporte-espectáculo. En la actualidad es un fenómeno social de primera importancia que influye en la vida colectiva en el mundo entero, forma parte integral de la actividad económica, social y aun política de cualquier sociedad.
El impulso dado por el ministerio de Educación a este arte a partir de 1936, hizo posible la creación de la orquesta sinfónica nacional que, primero bajo la dirección del alemán Eric Eisner y luego con invitados como José María Velasco Maidana y otros, formó un cuerpo relativamente idóneo de músicos en La Paz. La fundación de la sociedad filarmónica, que realizó los anhelos del viejo círculo de bellas artes (1918-1919), impulsó las acciones musicales propendiendo a la creación de temporadas de ópera y zarzuela que cristalizaron la puesta en escena de las más características muestras del repertorio italiano, con presencia de artistas y directores del teatro Colón de Buenos Aires y en algunos casos de cantantes españoles.
Adrián Patiño (1895-1951)
Patiño nació en La Paz el 19 de febrero de 1895. Estudió con el maestro Torrico en el conservatorio nacional de música. Fue profesor en el mismo conservatorio. Fue director de la banda del colegio militar y director de bandas en el ejército. Compositor de gran sensibilidad, apeló a la tradición folklórica popular y creó un estilo musical que quizás pueda definirse como indigenista. Su obra elabora esa rica veta musical andina en composiciones como En los Andes Bolivianos y Nevando está.
En la creación musical de raigambre popular, pero en el ámbito de la música elaborada o culta, están los trabajos de Simeón Roncal, exquisito en las composiciones de cuerdas y otras variedades musicales para piano. Eduardo Caba por su parte, continuó el trabajo de Patiño del que fue contemporáneo, con música elaborada de caluyos y aires nacionales para piano. No se pueden olvidar las piezas que hicieron época en las bandas bolivianas, los llamados boleros de caballería; algunas obras de este género son ya clásicos de nuestra música, como El Terremoto de Sipe Sipe o la Despedida de Tarija.
Son relevantes también Antonio González Bravo en La Paz y Teófilo Vargas en Cochabamba; González es el primer musicólogo del país. Ambos se basaron en la rica herencia folklórica, el primero del altiplano y el segundo de la música criolla del valle; hicieron un rico repositorio de melodías indias y composiciones como La Obertura de la Coronilla, un Réquiem y otras piezas.
Jaime Mendoza Nava formado en Estados Unidos y España, creó poemas como Don Alvaro y Antawara, y Gustavo Navarre, que estudió en Francia, produjo varios Heder, sonatas y conciertos amén de una sinfonía; constituyen una pareja de compositores de tendencia universalista. Atiliano Auza de Sucre, es uno de los dos compositores que han incursionado en la ópera con su obra Incallajta.
