La Cultura Mirándonos en el Espejo (1880-1952)

El proceso de redescubrimiento de nosotros mismos, la búsqueda de nuestra identidad nacional, la conciencia de que en nuestra propia realidad se podían encontrar elementos válidos para la creación artística y la reflexión intelectual, fueron arduos y demandaron varios años. La fuerte influencia de la cultura occidental y la creencia de que la única manera de hacer arte era mirando a Europa, sus valores y sus modelos, tuvo una vigencia fundamental a lo largo del siglo XIX y buena parte del siglo XX. La reacción contra el pasado colonial español y el hecho de que Inglaterra, en lo político económico, y Francia, en lo cultural, fuesen los centros motores de buena parte del pensamiento europeo del XIX, llevó a nuestros intelectuales a beber de esas fuentes y convertirlas en el modelo en el que nos debíamos ver.

Pero la guerra del Pacífico abrió heridas muy profundas y obligó a reflexiones muy serias sobre nosotros. Se podría decir que 1880 es un año clave para la cultura boliviana, en tanto el resultado de la guerra abriría la brecha de un proceso de indagación sobre nosotros mismos. Ese camino devino en el surgimiento de corrientes de gran relevancia en nuestras artes. El nacimiento del indigenismo es probablemente uno de los elementos más importantes a la vez que la construcción de una literatura realista y descarnada que pasó por el costumbrismo y se afianzó en una visión crítica que con el estallido del otro gran conflicto bélico, la guerra del Chaco, iba a tener su máxima expresión. El desencanto de un sistema político y social que no funcionaba y la necesidad de cambios radicales se expresaron en una novelística hipercrítica en la que la fuerza de la tierra por un lado, y la realidad terrible de la minería por el otro, fueron factores determinantes. La provincia y el campo fueron los dos grandes escenarios del arte boliviano anterior a 1952. No había nacido todavía la reflexión sobre la ciudad y es lógico que así fuera, porque Bolivia no tenía entonces ciudades realmente importantes; sus capitales eran todavía provincianas, pequeñas y algo adormiladas.

El neoclasicismo que dominó el paso de los siglos XVIII a XIX, que tuvo en Bolivia importantes expresiones artísticas (sobre todo en arquitectura y pintura), fue sustituido por un rabioso romanticismo, apasionado y volcado de nuevo a los temas de la fe más que a los de la razón, proclive a la particularización nacional o regional, mirando hacia la naturaleza, la indagación del yo y la afirmación de lo propio contra lo extraño. La literatura alemana influyó también de manera importante en esta corriente. La gran novela realista y naturalista de la segunda mitad del XIX (rusa, francesa y también española) influyó en nuestros creadores aunque con un cierto retraso. El vendaval romántico y naturalista, sin embargo, no fue óbice para la permanencia de ideas fuertemente conservadoras, que algunos críticos han definido como tradicíonalistas (la escolástica, la teología, el latín como parte de los programas de enseñanza). Esta tendencia mantenía la vigencia de una educación de viejo estilo enfrentada a los librepensadores liberales que terminaron por cambiar las ideas morales y aún la estética de la época. Pero quizás fue el modernismo la corriente que se cultivó con más categoría y trascendencia en el país. Baste decir que Ricardo Jaimes Freyre fue, junto a Darío, uno de los creadores del modernismo y uno de sus representantes más notables a nivel continental. Su debilidad esteticista y su inspiración en el clasicismo y la mitología europea, no pueden hacer olvidar que el modernismo fue un ismo literario latinoamericano por esencia.

En las ciencias sociales el enciclopedismo francés y sobre todo el positivismo, fueron corrientes que marcaron a nuestros historiadores y científicos. La experiencia empírica y el objetivismo animaron una larga época de las ciencias sociales bolivianas, que no cambiaron de enfoque sino hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX.

La aparición del nacionalismo en este contexto tiene que ver con los cambios sociales y políticos que se produjeron entre 1920 y 1952. El final de la era oligárquica y la necesidad de replantearse las bases del sentido de estado y de nación, sumados a los fuertes vuelcos ideológicos de Europa con el marxismo y el fascismo, establecieron una vigorosa corriente de pensamiento en por lo menos dos generaciones (la del Chaco y luego la Revolución del 52) que buscaron crear un nuevo modelo de cultura nacional. La creación de un nuevo estado nacional implicaba también la formación de una cultura nacional. La revisión del pasado sería el primer desafío de esa línea de pensamiento, que recién cristalizó después de la Revolución de 1952.