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El no al federalismo

Si bien la junta federal se había constituido en diciembre de 1898, su verdadero ejercicio del gobierno comenzó con la caída de Alonso en la batalla del segundo crucero el 10 de abril de 1899.

Los liberales - El signo del estaño y el drama de la goma

Estaba claro que los convencionales de 1880 se habían reunido, quizás sin adivinarlo, para construir un nuevo país. La primera etapa de ese proyecto concluyó violentamente en 1899 con los invitados de piedra convertidos en protagonistas de la historia. Pero fue solamente un espejismo. El apresamiento de Zarate Willka y su ajusticiamiento posterior, demostraron que la hora de los aimaras y los quechuas no había llegado todavía.

La Batalla del Segundo crucero

El 10 de abril de 1899 en las inmediaciones de Paria (Oruro) se produjo la batalla decisiva llamada del segundo crucero (por haberse desarrollado en el llamado crucero de Copacabana donde se juntaban y hacían cruz los caminos hacia Lequepalca y hacia Caracollo). Con la presencia de las fuerzas indígenas de Zarate Willka, el ejército de Pando (1.820 efectivos y un cañón denominado "Walaycho") enfrentó al ejército de Alonso comandado militarmente pro el Gral. Julián María López (1.966 efectivos con seis cañones y cuatro ametralladoras).

La masacre de mohoza

Posteriormente a los lamentables acontecimientos de la guerra federal y la gran sublevación indígena, el desastre de Corocoro y la masacre de Santa Rosa, el primer crucero y la masacre de Ayo Ayo, se produce el hecho de sangre que marcaría los duros acontecimientos que sucedieron en la época.

Primer crucero - masacre de Ayo Ayo

El 24 de enero de 1899 en Cosmini, Pando gran estratega militar, derrotó a Alonso en la llamada batalla del primer crucero (en Chacoma donde hacen cru los caminos a Luribay y a Ayo ayo), 250 efectivos de los batallones Abaroa y Vanguardia avistarón un convoy constitucional con pertrechos a cargo del escuadrón Sucre. El intercambio de dispar os concluyó con la violenta explosión de un carro cargado de munición que precipitó la fuga y derrota de los alonsistas.

El desastre de corocoro y la masacre de Santa Rosa

El ejército constitucional mejor equipado que el federal, desaprovechó a principios de enero de 1899 la oportunidad de atacar La Paz antes de la llegada de un contingente de armas y pertrechos negociados en Lima por Claudio Pinilla, quien tras renunciar a su cargo de embajador se transformó en gestor de los federales y adquirió 1.500 rifles Mannlincher, 500 carabinas Winchester, medio millón de proyectiles y 1.200 uniformes.

La guerra federal y la sublevación indígena

La guerra federal, coincidente con el paso entre dos siglos, representó un cambio radical del eje de poder político, social y económico, aunque no determinó un cambio en la estructura de quienes lo detentaban. Coincidió también con uno de los momentos más difíciles de la relación entre la élite urbana y las masas indias.

Pablo Zárate, el temible Villka

Pablo Zarate "El temible Willka" estuvo casado con Aída Aguilar con quien tuvo 4 hijos, fue un prestigioso comunero, severo, inteligente y tenaz que nació en Imilla-imilla (Huancaruna) en la zona de Sikasika, desde niño su comunidad le transmitió la hazaña histórica de sus antepasados y la importancia del Kollasuyo.

Dotado de gran inteligencia y de mucho poder persuasivo, en el afán de conservar las tierras de origen, aprendió el castellano, a leer y a escribir en un tiempo en que esto era un delito para todos los indígenas en aquella época.

La minería de la plata

La decadencia de la producción minera colonial arrastró consigo una seria crisis económica que heredó la naciente república. Si Bolivia le había debido su razón de ser, como unidad política, a la minería durante la Audiencia de Charcas, su nacimiento como país no pudo apoyarse en la minería, cuya caída fue sostenida hasta fines de la década de los sesenta en el pasado siglo.

El problema agrario

La caracterización de Bolivia como una nación mayoritariamente indígena (52 % de la población según el censo de 1846), predominantemente rural (cerca del 90 %), con una población originaria de fuerte raíz cultural quechua-aimara (la falta de educación en el campo permitió la pervivencia vigorosa de las dos lenguas) y una estructuración social y productiva propias, permite entender la importancia clave de la cuestión agraria.

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El gobierno de Gutiérrez Guerra vivió en la zozobra permanente.

Los conservadores eran católicos por tradición. Quizás el más importante de ellos fue Mariano Baptista que dio muestras muy claras de su catolicismo, antes y durante su presidencia. No se puede olvidar tampoco la egregia figura de Juan de Dios Bosque (1829-1890). La confrontación estado iglesia se presentó cuando subió al poder el liberalismo. Muchos eclesiásticos del país, tanto regulares como seculares confundieron liberalismo con socialismo y otro tanto sucedió con el propio concepto de democracia, que a muchos religiosos les sonaba a anarquía.

El nacimiento de un movimiento obrero y sindical en el país fue producto del paso de un sistema de producción pre capitalista al desarrollo y modernización de la industria, particularmente minera, coincidente con el advenimiento liberal. A pesar de ese cambio Bolivia nunca contó con un proletariado significativo, pues no pudo desarrollar una industria importante como lo que tuvieron algunas otras naciones sudamericanas.

El agotamiento de los yacimientos estañíferos de Europa y la demanda de la industria norteamericana y europea que contaba con el estaño como un elemento ideal para aleaciones (hojalata, papel metálico, conservas y un largo, etc.), fueron los activadores del auge minero boliviano en el período 1900-1940.

Patiño es, sin ninguna duda, una de las figuras centrales de la historia boliviana. A su alrededor se teje buena parte del siglo XX en el país y se establece el destino de cientos de miles de bolivianos.

Durante el gobierno de Gutiérrez Guerra el efecto sobre el área rural de la ley 1880 se podía apreciar muy bien con la constatación de que el estado había concebido hasta 1919, 13,4 millones de hectáreas en los ocho departamentos y enl os tres territorios de colonias (Noroeste, Chaco y Oriente).  La recaudación de impuestos (1/2 centavo por hectarea de tierra baldía) alcanzó por este rubro 1,2 millones de Bolivianos en 1918.

Si bien Tamayo es conocido como uno de los grandes poetas de Bolivia, su compilación sobre temas pedagógicos, es ya un clásico y su actividad politica de una intensidad excepcional. Las ideas de Tamayo confontarón las de Arguedas y abrierón un gran debate en el país.

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