Tensiones Políticas

El enfrentamiento entre guerristas y pacifistas tuvo consecuencias políticas inmediatas. La posición inicial de la convención tenía un lógico sentido emocional. El propio Presidente Campero quería una oportunidad reivindicatoria y pensaba en la posibilidad de reorganizar el ejército, cosa que hizo, estableciendo los efectivos en 7.000 hombres. Pero las posesiones obtenidas por Chile y su poderío bélico y económico no permitían pensar en una solución militar con perspectivas. Perú estaba enfrascado en la defensa de su propio territorio invadido y la alianza estaba rota con el agravante de las susceptibilidades desatadas por la retirada de Bolivia de la guerra.

Pero el ingrediente fundamental era el relativo a los intereses económicos. Los pacifistas, encabezados por el vicepresidente Arce veían el problema de otro modo. La reconstrucción del país no podía pasar por la guerra y sobre todo, la vinculación de los mineros de la plata con capitales chilenos se vería entorpecida por el conflicto. Un flujo normal de exportaciones pasaba necesariamente por la paz. La correspondencia antiguerrista e hipercrítica de Arce, interceptada por el gobierno, llevó a Campero a exiliar a Arce precisamente a Chile. Paulatinamente, sin dejar de expresar públicamente una posición dura en relación a la guerra, los hechos fueron imponiéndose y Bolivia pasó a una postura de negociación que se haría nítida en todos los gobiernos conservadores subsiguientes.

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El gobierno de Gutiérrez Guerra vivió en la zozobra permanente.

Los conservadores eran católicos por tradición. Quizás el más importante de ellos fue Mariano Baptista que dio muestras muy claras de su catolicismo, antes y durante su presidencia. No se puede olvidar tampoco la egregia figura de Juan de Dios Bosque (1829-1890). La confrontación estado iglesia se presentó cuando subió al poder el liberalismo. Muchos eclesiásticos del país, tanto regulares como seculares confundieron liberalismo con socialismo y otro tanto sucedió con el propio concepto de democracia, que a muchos religiosos les sonaba a anarquía.

El nacimiento de un movimiento obrero y sindical en el país fue producto del paso de un sistema de producción pre capitalista al desarrollo y modernización de la industria, particularmente minera, coincidente con el advenimiento liberal. A pesar de ese cambio Bolivia nunca contó con un proletariado significativo, pues no pudo desarrollar una industria importante como lo que tuvieron algunas otras naciones sudamericanas.

El agotamiento de los yacimientos estañíferos de Europa y la demanda de la industria norteamericana y europea que contaba con el estaño como un elemento ideal para aleaciones (hojalata, papel metálico, conservas y un largo, etc.), fueron los activadores del auge minero boliviano en el período 1900-1940.

Patiño es, sin ninguna duda, una de las figuras centrales de la historia boliviana. A su alrededor se teje buena parte del siglo XX en el país y se establece el destino de cientos de miles de bolivianos.

Durante el gobierno de Gutiérrez Guerra el efecto sobre el área rural de la ley 1880 se podía apreciar muy bien con la constatación de que el estado había concebido hasta 1919, 13,4 millones de hectáreas en los ocho departamentos y enl os tres territorios de colonias (Noroeste, Chaco y Oriente).  La recaudación de impuestos (1/2 centavo por hectarea de tierra baldía) alcanzó por este rubro 1,2 millones de Bolivianos en 1918.

Si bien Tamayo es conocido como uno de los grandes poetas de Bolivia, su compilación sobre temas pedagógicos, es ya un clásico y su actividad politica de una intensidad excepcional. Las ideas de Tamayo confontarón las de Arguedas y abrierón un gran debate en el país.