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"Dos pistolas"

Juan Navajas Paz

Cuentan las viejas agoreras que hace mucho tiempo por el sector sud del Fortín Margarinos en el Gran Chaco, una figura sin cabeza aparecía entre las doce de la noche, subiendo y bajando sin destino sin forma al compás de un trote pesado y cansino. Jinete y caballo despedían por las cuencas de sus ojos ascuas de relámpagos. Al aparecido lo llamaban "Dos Pistolas".

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Julio Lema

Por los años de 1860, el Convento de los franciscanos de esta ciudad, llegó al apogeo de la virtud, del prestigio y de la autoridad social, al extremo de que su intervención era decisiva en toda clase de asuntos.

La elevada moralidad de los santos padres, el celo en el cumplimiento de su sagrado ministerio y la austeridad de sus costumbres, hizo que los habitantes tanto de la ciudad, como de la campiña mirasen con veneración a todo el que vestía de jerga de franciscano.

Rene Aguilera Fierro

En el bello y encantador valle de Tarija, en un tiempo muy lejano, vivía un indio Tomatita, a quien sus padres habían educado en la escuela de la naturaleza, inculcándole amor a cuanto le rodeaba, plantas, animales y a la tierra donde había nacido, de igual modo, respeto a sus semejantes.

En este medio agreste y paradisíaco creció el apuesto y gallardo Teneke, sin conocer el mal ni el odio; la venganza ni la guerra.

Rene Aguilera Fierro

En la inmensa y mágica selva chaqueña, en lejanos tiempos, vivía en una aldea de matacos una hermosa y delicada cuñita llamada Tasiqua, hija única de la temible bruja Tatnaj (Sapo en mataco), quien aspiraba hacer de su descendiente una poderosa hechicera, desde muy pequeña le enseñó los secretos ancestrales de la brujería, no obstante, siempre se resistió practicarla porque tenía su propia creencia sobre el destino y la vida de las personas, que en suma estaban regidas por el designio de Tumpa el dios de la selva.

Jesús Lara

En tiempos muy antiguos una pareja de jóvenes se desprendió de su ayllu por motivos que no se conocen y se fueron a vivir en la entraña de la selva. Allí construyeron su choza solitaria. El hombre proporcionaba al hogar caza y pesca, mientras la mujer recolectaba algunas frutas silvestres. Tuvieron dos hijos, hombre y mujer. Cuando ellos eran todavía muy pequeños, la madre murió víctima de una fiebre maligna. El hombre no pudo acompañar muchos años a los niños, pues murió a causa de una picadura de serpiente.

Rene Aguilera Fierro

Para la fundación de Tarija, fue necesario juntar indígenas chicheños, pobladores naturales de La Plata y españoles deseosos de conquistar tierras para sí en el exuberante valle de San Bernardo de la Frontera, las Salinas Chaco y Oran fueron invadidas por colonizadores de buena y mala fe. Los campesinos cuyo origen es diverso, comenzaron a labrar la tierra, permanentemente hostilizados por la fiereza chiriguana que defendía su territorio.

Víctor Varas Reyes

Fuerte calor de diciembre en San Jacinto, finca diez kilómetros de Tarija, situada en un lugar accidentado, sequero, lleno de churquis, por cuyas laderas y haciendo límite, pasa el río, Troje de Esperanzas para terrenos próximos. Disfruto el dolce far miente, en vacaciones, después de una prolongada ausencia del solar nativo.

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