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Testimonio - descubrimiento del Cerro Rico de Potosí

Carlos Bravo Molina

El día 31 de diciembre de 1562, se encontraba en Potosí el Virrey de los reinos del Perú y Tierra firme Don Francisco de Toledo; juntamente con él se hallaban el Presbítero Rodrigo de la Fuente, cuando se acercó un indio al Virrey con una petición y le dijo que era hijo del primer indio que había descubierto plata en el Cerro de Potosí. El Virrey mandó al referido La Fuente, que hiciese una información de la verdad de lo dicho.

Los tesoros de Rocha

Julio Lucas Jaimes

Del auge de las ricas minas de Potosí, había levantado a la imperial villa a la altura de su mayor apogeo en los primeros tiempos del próspero reinado de don Carlos III de España.

Por entonces, los ingenios cubrían, en la falda del cerro, los dos márgenes de la Ribera y elevaban por sobre las macizas murallas de granito, los torreones donde giraba la rueda maestra de los batanes que reducían a polvo el metal extraído de las minas.

El santo Cristo de Bronce

José Manuel Aponte

Doña Magdalena Tellez, fue allá por los años de mil seiscientos sesenta y tres de la era cristiana, una real moza, criolla, viuda, rica, mujer limpia con ciertos aires de nobleza de abolengo; pues en la portada de su casa, había un escudo de la madre España, labrado en alto relieve sobre piedra de sillar.

El puente del diablo

Julio Lucas Jaimes

La quebrada de Yocalla es profunda, rocallosa, cenicienta, sembrada de enormes fragmentos de granito y adornada en todas las grietas y cavidades con ásperos cardos y rudas ortigas.

En la parte más angosta, se alza gallardo y atrevido el arco ovalado de un puente, cuyos cimientos se afianzan en las peñas y cuya ojiva parece lanzada del espacio por la mano de los titanes, es tan alto, tan gallardo, tan majestuoso y tan atrevido que no parece fabricado por humanas fuerzas.

El hijo de la hechicera

Vicente G. Quesada

Vivía en la Imperial Villa una viuda rica, cuya única ambición, al parecer, era cuidar su fortuna y de su hijo don Juan de Toledo, gallardo mancebo de veinte años, dado a las turbulencias del amor y a los febriles goces del juego.

Esta conducta desarreglada del joven preocupaba a la dama, que no tenía a quién confiar sus penas ni pedir consejos.

Hijo único, era mimado y voluntarioso y aun cuando había recibido alguna instrucción, esta se limitó al estudio del latín en un convento de la Villa Imperial.

El diablo de corregidor

Tomas O'connor D'arlach

Endiablada es la tradición que voy a contar, pero ella es la purísima verdad, y el que la ponga en duda puede consultar las crónicas de Potosí, y acaso de no dar crédito ni a las crónicas, puede preguntarlo a los sencillos vecinos de Paucarcollo, y sin duda del testimonio de estos apele a la palabra de los habitantes de ese lugar a principios de 1600 que a fe han de tener la memoria fresca.

Y basta de introducción y adelante con los faroles.

Don Juan de Toledo

Bartolomé Arzans De Orsua y Vela

En que se cuenta y se verá el horrible y dilatado rencor del hombre

Descubrimiento del cerro rico de Potosí

Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela

El indígena Diego Huallpa, natural de Chumbivillca, cerca del Cuzco, puesto el servicio de Villarroel, salió de Porco a apacentar sus llamas en Potoc-unu -planicie cenagosa donde se fundó la ciudad-, no pudiendo llegar a los ranchos de la Cantería, por habérsele hecho tarde, pasó la noche en el cerro de Potosí, y aseguró sus llamas contra unos matorrales de paja.

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El día 31 de diciembre de 1562, se encontraba en Potosí el Virrey de los reinos del Perú y Tierra firme Don Francisco de Toledo; juntamente con él se hallaban el Presbítero Rodrigo de la Fuente, cuando se acercó un indio al Virrey con una petición y le dijo que era hijo del primer indio que había descubierto plata en el Cerro de Potosí. El Virrey mandó al referido La Fuente, que hiciese una información de la verdad de lo dicho.

Julio Lucas Jaimes

Del auge de las ricas minas de Potosí, había levantado a la imperial villa a la altura de su mayor apogeo en los primeros tiempos del próspero reinado de don Carlos III de España.

Por entonces, los ingenios cubrían, en la falda del cerro, los dos márgenes de la Ribera y elevaban por sobre las macizas murallas de granito, los torreones donde giraba la rueda maestra de los batanes que reducían a polvo el metal extraído de las minas.

José Manuel Aponte

Doña Magdalena Tellez, fue allá por los años de mil seiscientos sesenta y tres de la era cristiana, una real moza, criolla, viuda, rica, mujer limpia con ciertos aires de nobleza de abolengo; pues en la portada de su casa, había un escudo de la madre España, labrado en alto relieve sobre piedra de sillar.

Julio Lucas Jaimes

La quebrada de Yocalla es profunda, rocallosa, cenicienta, sembrada de enormes fragmentos de granito y adornada en todas las grietas y cavidades con ásperos cardos y rudas ortigas.

En la parte más angosta, se alza gallardo y atrevido el arco ovalado de un puente, cuyos cimientos se afianzan en las peñas y cuya ojiva parece lanzada del espacio por la mano de los titanes, es tan alto, tan gallardo, tan majestuoso y tan atrevido que no parece fabricado por humanas fuerzas.

Vicente G. Quesada

Vivía en la Imperial Villa una viuda rica, cuya única ambición, al parecer, era cuidar su fortuna y de su hijo don Juan de Toledo, gallardo mancebo de veinte años, dado a las turbulencias del amor y a los febriles goces del juego.

Esta conducta desarreglada del joven preocupaba a la dama, que no tenía a quién confiar sus penas ni pedir consejos.

Hijo único, era mimado y voluntarioso y aun cuando había recibido alguna instrucción, esta se limitó al estudio del latín en un convento de la Villa Imperial.

Tomas O'connor D'arlach

Endiablada es la tradición que voy a contar, pero ella es la purísima verdad, y el que la ponga en duda puede consultar las crónicas de Potosí, y acaso de no dar crédito ni a las crónicas, puede preguntarlo a los sencillos vecinos de Paucarcollo, y sin duda del testimonio de estos apele a la palabra de los habitantes de ese lugar a principios de 1600 que a fe han de tener la memoria fresca.

Y basta de introducción y adelante con los faroles.

Bartolomé Arzans De Orsua y Vela

En que se cuenta y se verá el horrible y dilatado rencor del hombre

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