Narra: María Concepción Sequena
Dice que en el Tiempo Antiguo, un hombre tenía problemas porque las ratas se comían su cosecha. Entonces, un día el hombre habló con la rata grande. La rata macho le dijo que si le entregaba a su hija como esposa, las ratas dejarían su campo. El hombre accedió y le entregó a su hija. La rata se llevó a la muchacha a vivir con él.
Una mañana, la muchacha le preguntó a la rata macho:
- Y vos ¿qué tanto chaqueo tienes?
- Si quieres vamos a ver —le contestó la rata macho.
Entonces, fueron y la muchacha vio un campo inmenso hasta donde su vista se perdía, y miles de ratas trabajando en él. Luego, los dos, la muchacha y la rata, también comenzaron a limpiar y sembrar el campo.
Tiempo después, la muchacha estaba encinta y le dijo a la rata macho que trajera a su madre para que le ayudara a dar a luz.
Cuando la madre llegó, la hija comenzó a parir, pero en ese momento el suelo del chaco comenzó a rajarse y de ahí nació la guaguam, toda cubierta de sangre. Entonces, la mujer aprovechó y huyó con la madre y el niño. Pero, la rata macho se dio cuenta y comenzó a perseguirlos.
En eso llegaron a un arroyo y comenzaron a lavar al niño, pero a medida que lo lavaban, el niño comenzó a transformarse en maní. La rata, entonces, se lanzó al agua y mientras gritaba trataba de agarrar el maní, pero la corriente era fuerte y lo arrastró todo. Desde entonces, existe el maní.