Puma punku

El conjunto de Puma-punku se encuentra a 2 Km. del centro ceremonial descrito; en torno a estos dos puntos determinantes de la ciudad de Tiwanaku se encontraban las viviendas y los diferentes barrios.

El edificio principal de Puma-punku se sitúa sobre una plataforma en U sustentada sobre muros continuos de piedras finamente pulimentadas. Tiene al centro un patio hundido y, a los costados de la plataforma, dos alas laterales. El edificio interior, descrito por Diego de Ocaña, era de piedra tamo en su piso, formado de grandes piezas monolíticas, como en su muros, ventanas, puertas y techo, este último estaba tallado imitando paja. En la base del edificio hay tres bloques donde se han señalado los sitios para los muros y recámaras. Los bloques están unidos con grampas de bronce de las que aún quedan las huellas. El bloque mayor pesa cerca d 130 toneladas; se estima que se necesitaron más de 1.000 hombres para trasladarlo, lo que había muy claro respecto al régimen social, inevitablemente duro y organizado, que permitía sincronizar la fuerza de tan grande masa humana, buena parte de la cual debió dedicarse a levantar la formidable ciudad. Posiblemente en Puma-punku estaba la Puerta del Sol y allí quedan restos de tres puertas más, mucho más simples en su decoración.

Si bien la Akapana llega a todo su esplendor hacia el año 500 d.C, justamente cuando las lluvia en la región comenzaban a ser más intensas hacia el año 700 d.C. se construye Puma-punku con un sistema de desagües similar al de Akapana; y es entonces que este recinto centraliza el culto.

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Un análisis de lo que pudo haber sido la composición estatal de Tiwanaku muestra un alcance geográfico caracterizado por cuatro regiones mayores: el territorio nuclear, el área nuclear, las provincias y la periferia.

El territorio nuclear, el centro, formado por el sitio de Tiwanaku, con el complejo ceremonial y todos sus componentes.

Varias hipótesis surgieron a lo largo del tiempo para explicar qué fue Tiwanaku y cómo se fue desarrollando desde una etapa formativa hasta llegar a tener las características que definieron su época de mayor esplendor, como un Estado que marcó con su presencia a toda una región durante una larga etapa de la historia.  Usamos la palabra Estado en su sentido más general, como la institucionalización de poder, con el desarrollo de jerarquías políticas y económicas.

La riqueza cultural de los valles interandinos tiene tanta profundidad temporal como la que conocemos en el área altiplánica. Esta característica ya fue advertida a mediados del siglo XX por los investigadores del Museo Arqueológico de Cochabamba, quienes la denominaron “Cultura de Túmulos”.

El Formativo es un período caracterizado por la transición que experimentaron los grupos de cazadores, recolectores y pescadores hacia el sedentarismo. Con ello se propició la formación de asentamientos permanentes y el desarrollo de nuevas formas productivas, tales como la agricultura y el pastoreo. Entonces, el concepto de Formativo responde a una nomenclatura basada en el desarrollo tecnológico y social.

En 2011, en los alrededores de Potosí, fueron encontrados varios sitios, posiblemente del período Arcaico. En uno de ellos se hallaron dientes de hippidium, una especie ya extinguida de caballo americano.

Las investigaciones sobre esta etapa son las menos numerosas dentro del campo arqueológico y de otras disciplinas en Sudamérica. Incluso si se compara con las pocas investigaciones realizadas en países vecinos, el trabajo arqueológico que se ha hecho en Bolivia es muy reducido, en especial para las épocas más tempranas, aunque en los últimos diez años aumentaron las excavaciones, investigaciones e hipótesis.

La época conocida como el Arcaico se desarrolló aproximadamente entre 11000 y 4000 años antes del presente (9000 y 2000 a.C.) En la etapa más antigua de este período histórico los seres humanos convivieron con la megafauna del Pleistoceno.