Periodo prehispánico en Bolivia

Para comprender el desarrollo del período prehispánico en Bolivia debemos considera dos zonas: la altiplanicie, situada entre los dos brazos de la cordillera, y las tierras bajas.  El primer sector, que abarca el occidente de lo que hoy es Bolivia, se halla relacionado con las culturas de la sierra en el Perú, y las de la costa, Más el norte de Chile.  Existe una secuencia que culmina con la aparición de Tihuanaco, la formación de los señoríos aimaras y la dominación incaica.  Las tierra bajas tienen un desarrollo diferente, el que puede ejemplificarse con los extensos conjuntos arqueológicos en el Beni; y también con las culturas de Santa Cruz, como El Palmar, pero en un momento dado, los pueblos del oriente contactan con los incas a raíz de la invasión guaraní, cuando ya el Imperio Incaico había avanzado hasta las últimas estribaciones de la cordillera.

Los valles centrales muestran un desarrollo cultura muy antiguo, desde la llamada cultura “Sauces”, pasando por los estilos Tupuraya y Mojocoya, hasta los Yamparas.  Estas culturas se desarrollan principalmente en los departamentos de Chuquisaca y Cochabamba.

Simultáneamente a estas tres líneas de desarrollo hay pueblos marginales que mantienen un estadio cultural que no acusa cambios, como ocurre con los Urus que mantienen su carácter de pescadores, o los Choquelas que son grupos cazadores mentados por varios de los cronistas, y finalmente, están los Moyos que eran recolectores.

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Un análisis de lo que pudo haber sido la composición estatal de Tiwanaku muestra un alcance geográfico caracterizado por cuatro regiones mayores: el territorio nuclear, el área nuclear, las provincias y la periferia.

El territorio nuclear, el centro, formado por el sitio de Tiwanaku, con el complejo ceremonial y todos sus componentes.

Varias hipótesis surgieron a lo largo del tiempo para explicar qué fue Tiwanaku y cómo se fue desarrollando desde una etapa formativa hasta llegar a tener las características que definieron su época de mayor esplendor, como un Estado que marcó con su presencia a toda una región durante una larga etapa de la historia.  Usamos la palabra Estado en su sentido más general, como la institucionalización de poder, con el desarrollo de jerarquías políticas y económicas.

La riqueza cultural de los valles interandinos tiene tanta profundidad temporal como la que conocemos en el área altiplánica. Esta característica ya fue advertida a mediados del siglo XX por los investigadores del Museo Arqueológico de Cochabamba, quienes la denominaron “Cultura de Túmulos”.

El Formativo es un período caracterizado por la transición que experimentaron los grupos de cazadores, recolectores y pescadores hacia el sedentarismo. Con ello se propició la formación de asentamientos permanentes y el desarrollo de nuevas formas productivas, tales como la agricultura y el pastoreo. Entonces, el concepto de Formativo responde a una nomenclatura basada en el desarrollo tecnológico y social.

En 2011, en los alrededores de Potosí, fueron encontrados varios sitios, posiblemente del período Arcaico. En uno de ellos se hallaron dientes de hippidium, una especie ya extinguida de caballo americano.

Las investigaciones sobre esta etapa son las menos numerosas dentro del campo arqueológico y de otras disciplinas en Sudamérica. Incluso si se compara con las pocas investigaciones realizadas en países vecinos, el trabajo arqueológico que se ha hecho en Bolivia es muy reducido, en especial para las épocas más tempranas, aunque en los últimos diez años aumentaron las excavaciones, investigaciones e hipótesis.

La época conocida como el Arcaico se desarrolló aproximadamente entre 11000 y 4000 años antes del presente (9000 y 2000 a.C.) En la etapa más antigua de este período histórico los seres humanos convivieron con la megafauna del Pleistoceno.