Sucre en el Alto Perú

Casimiro Olañeta llegó al Desaguadero el 3 de febrero de 1825 donde ya estaba el mariscal Antonio José de Sucre, procedente de Cuzco. Ambos cabalgaron lado a lado rumbo a la ciudad de La Paz donde, el 9 de febrero, se promulgó el decreto en el que se basó la independencia de Bolivia. La parte considerativa del decreto dice:

Que al pasar el Desaguadero el Ejército Libertador ha tenido el solo objeto de redimir las provincias del Alto Perú de la opresión española y dejarla en posesión de sus derechos.

Que no corresponde al Ejército Libertador intervenir en los negocios domésticos de estos pueblos. Que es necesario que estas provincias dependan de un gobierno que provea a su conservación, puesto que el ejército ni quiere ni puede abandonarlas a la anarquía y al desorden.

Que el antiguo Virreinato de Buenos Aires, a quien ellas pertenecían al tiempo de la revolución de América, carece de un gobierno general que represente, completa, legal y legítimamente la autoridad de todas las provincias, y que no hay, por consiguiente, con quien entenderse para el arreglo de ellas. Que, por tanto, ese arreglo debe ser el resultado de la deliberación de las mismas provincias, y de un convenio entre los Congresos de Perú y el que se forme en el Río de la Plata.

El decreto llama a una asamblea deliberante para que las provincias del Alto Perú decidan su suerte y se establece que se nombre un diputado por cada provincia. Se señala el 10 de abril para una reunión en la ciudad de Oruro. La fecha fue pospuesta y la asamblea tuvo lugar en Chuquisaca.

Se sabe que Sucre había enviado desde Puno un borrador del decreto a Simón Bolívar quien lo recibió con desagrado, pues el propiciar la autonomía del Alto Perú era un duro golpe para su proyecto Pan - Americano. En realidad, el genio propio del Libertador veía el porvenir de América en la unión de lo que fueron las antiguas colonias españolas, en tanto que Sucre tenía una visión más apegada a la realidad y adecuada a las circunstancias políticas que se vivían en ese momento. A través de Olañeta, el mariscal de Ayacucho vio muy claro el deseo de autonomía de los altoperuanos, aspiración muy antigua, pues siempre fueron renuentes a sujetarse tanto a Lima como a Buenos Aires.

Sucre, como colombiano que era, no veía con buenos ojos el engrandecimiento del Perú, país con el que Colombia empezaba a tener grandes dificultades. La autonomía de la audiencia de Charcas era, sin duda, una carta a favor de Colombia. En esta autonomía coincidió con Casimiro Olañeta, aunque por razones muy diferentes, pues Olañeta pensaba en una nación no sujeta a los intereses foráneos como había ocurrido hasta ese momento. El historiador J. L. Roca, que estudia cuidadosamente la actitud del procer boliviano, nos dice. “Charcas pugnaba por liberarse del triple dominio español, peruano y bonaerense el cual ponía trabas a las aspiraciones de burócratas, terratenientes, militares y comerciantes locales. La preocupación de Olañeta en su condición de jefe natural de esas clases criollas en ascenso, consistía en resolver lo que hoy llamaríamos la cuestión nacional.

Un problema muy debatido es si Olañeta tuvo que ver con el decreto del 9 de febrero; sabemos que lo fundamental del texto ya estaba redactado y enviado a Bolívar antes del 3 de febrero, sin embargo, la emisión del citado decreto y su redacción final se hizo cuando Sucre y Olañeta estaban juntos. Ambos tenían interés en que se reúna la asamblea de los representantes altoperuanos que obrarían “por cuenta propia”, aunque sus decisiones quedaban sujetas a la aprobación tanto de Buenos Aires como de Lima.

Que Sucre tomó consejo de Olañeta en aquella ocasión es evidente pues el 4 de febrero, al día siguiente de la llegada de Olañeta, Sucre escribe a Bolívar desde Ilabe en los siguientes términos: “Me ha dicho el doctor Olañeta que él cree no sólo difícil sino imposible reunir las provincias Altas a Buenos Aires: que hay una enemistad irreconciliable, o que se quedan independientes o agregadas al Perú; porque el voto de los hombres de juicio está por pertenecer al Perú en cuyo caso quieren la capital en Cuzco, o más cerca de ellos”. Es posible que Olañeta al dar esta información pensara en Santa Cruz cuya idea de anexión al Perú es bien conocida, asimismo tendría en cuenta que en ese momento Bolívar gobernaba en el país vecino, razón por la que no menciona una posible separación del Perú, aunque personalmente Olañeta deseaba la autonomía, cosa que demuestra a través de toda su vida.

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La actividad de Bolívar en Bolivia se redujo a establecer, mediante leyes, las bases legales de la nueva nación, correspondiendo a Sucre la tarea de reactivar la economía y de sostener una política de reformas revolucionarias que significaban un cambio sustancial en todos los estratos de la sociedad. Para lograr este objetivo Sucre necesitaba rodearse de hombres capaces y de su entera confianza, además debían estar acordes ideológicamente con el sistema republicano.

Nació en la ciudad venezolana de Cumaná, era hijo de Vicente Sucre y Urbaneja y de María Manuela de Alcalá. A los 15 años fue a Caracas a estudiar ingeniería militar. Allí se ve envuelto en la revolución y muy pronto actúa junto a Bolívar, acompañándolo cuando éste va a la Nueva Granada (actual Colombia), involucrados ambos en la tarea libertaria. Venció en Pichincha (Ecuador) y Ayacucho (Perú), batallas que fueron definitivas para la consolidación de las nuevas naciones americanas. Fue presidente de Bolivia (1826-1828).

El 26 de mayo de 1826 e1 congreso encargó el mando de la nación al general Sucre, quien lo venía ejerciendo por delegación de Bolívar, En junio llegó la disposición del congreso peruano aceptando la independencia de Bolivia y la constitución vitalicia fue aprobada, con muy pocas modificaciones, en noviembre de 1826. Las modificaciones se referían a la religión. De acuerdo a la tradición y a los sentimientos de la mayoría, se adoptó para la república la religión católica con exclusión del culto público para cualquier otra.

En agosto de 1825 Bolívar había cruzado el Desaguadero, las poblaciones en masa salían a recibirlo. El Libertador se dirigió a La Paz y de allí a Potosí donde cumplió su promesa de subir al cerro para enarbolar en él la bandera de la libertad. Así recordaba la promesa hecha en el monte Aventino de Roma de libertar América.

El día 10 de agosto de 1825, después de firmada el Acta de Independencia, el congreso aprobó una ley de reconocimiento a los generales Bolívar y Sucre. En homenaje al Libertador el nuevo estado llevaría el nombre de “República de Bolívar” y su capital (hasta entonces llamada La Plata) recibiría el nombre de Sucre; el poder supremo correspondería a Bolívar, en tanto permaneciera en el país, con el nombre de “Protector”. Se ordenaba levantar estatuas ecuestres en todas las capitales de departamento y la colocación de sus retratos en tribunales, cabildos y casas de enseñanza.

De acuerdo a lo establecido por Sucre se eligieron los representantes para la asamblea que tuvo lugar en Chuquisaca al 10 de julio de 1825; ésta fue presidida por el chuquisaqueño José Mariano Serrano que se había destacado en el congreso de Tucumán de 1816. El presbítero José María Mendizábal, natural de Jujuy, fue elegido vicepresidente.

Alejado Bolívar de la caótica situación que se había suscitado en Lima, decidió bajar al sur, al encuentro de La Serna, con un ejército de 8.500 hombres. Las fuerzas realistas llegaron a tener en total 16.000 hombres, pero 3.000 estaban con Valdéz en el Alto Perú y 4.000 estaban con Olañeta quien se había declarado rebelde ese año de 1824. De este modo antes de Junín ambas tropas, realistas y patriotas, estaban equilibradas.