Morenada

La Morenada es, sin lugar a dudas, la danza más importante, es quizá en este momento una de las danzas más apreciadas que está identificado con la personalidad cultural y psíquica de los que vivimos con lo auténticamente nuestro, como una reivindicación de un invalorable ancestro, y que es lo que nos identifica tal elevadamente ante los demás característicos del complejo nacional, porque refleja fielmente el espíritu del pueblo. Sin embargo, para demostrar que es una expresión auténticamente propia de nuestro folklore, podemos acudir a su génesis histórica.

Datos en torno a esta danza

Varios son los elementos que aluden al hecho de la presencia del negro en nuestra Zona Andina. Los datos más antiguos corresponden a Francisco de Alfaro, Fiscal de la Audiencia de Charcas, quien en 1967 decía que desde los primeros años de la conquista de América, toda ella se cubrió de negros esclavos. Fray Miguel de Agia, en su libro “Servidumbre personales de indios” escrito en 1604, al referirse a los negros acentúa que el Alto y Bajo Perú no son acomodados para la labor de las minas de plata por ser tierras frías”. En efecto, los esclavos, negros capturados en África por los traficantes españoles, procedentes en su mayor parte de Angola y embarcados en el puerto de Luanda, donde los Jesuitas para su largo y trágico viaje, trataban de enseñarles la religión católica en un lenguaje que no entendían, eran bautizados en masa asignándoles nombres también católicos, conforme a las referencias que contiene el estudio denominado “ Negros en el Perú” del relevante sociólogo Peruano Roberto Mac-Lean y Estenós: Alfredo Colmo en su libro “Los Países de América Latina” demuestra que los negros llegaron al Perú por la vía de Panamá, y Carlos Morales Ugarte coincidiendo con Francisco Alfaro, informa también que vinieron por el Puerto de Buenos Aires, desde donde fueron distribuidos como mercancía venal, a la actual Argentina, Uruguay y o Charcas. Sabemos por la historia que fueron los traficantes portugueses los que importaron negros de otras regiones del África destinados al Brasil, y que crueles piratas ingleses y negreros de Norteamérica llevaron esclavos a ese país.

El destino de los negros era para que trabajaran sobre todo en la agricultura en el Brasil y la América del Norte, porque en el país primeramente citado no había nativos dedicados a la agricultura, sino selvícolas en pleno estado de salvajismo, y en el segundo país, los naturales o sea los pieles rojas no eran agricultores sino que se encontraban en el estado de cazadores y nómadas y eran indómitos para ser asimilados a la agricultura.

Los negros fueron utilizados más en menesteres domésticos y en pequeñas manualidades. No resultaron aptos ni en Potosí ni en Oruro para las minas, porque morían prestamente, y era preferentemente utilizar a los indios nativos obligados al trabajo de la “Mita”.

Felipe Costas Arguedas en su estudio sobre “El Folklore Negro en Bolivia” dice que el Alto Perú “la presencia de los negros se muestra desde la iniciación de las encomiendas”. Trabajan entre nosotros, en sus pequeños grupos, bajo el tiránico látigo de sus “Caporales” o capataces; pero esos grupos de trabajo no perduraron mucho tiempo, se desvincularon por la acción misma de sus amos porque no había ya labor colectiva para ellos que requieren esfuerzo conjunto. Sin embargo, en el negro ya más individualizado quedó la remembranza de ese régimen el que fue el nudo más rígido de sus sufrimientos.

Ese penoso recuerdo de los capataces tiránicos originó típicas formas de supervivencia en su recuerdo; es posible que allí se encuentre también la génesis del baile de la “SAMBA” en el Brasil, del “Candombe” en el Uruguay y la Argentina, del “Tondero” en el Perú, y de los morenos en nuestro altiplano, con todo lo que se elaboró una nueva forma de folklore.

En el libro “Esclavos negros en Bolivia” del historiador Alberto Crespo R. dice: “Como sujeto pintoresco, con apariencia cargada de exotismo, como extraño elemento decorativo en el medio de conjuntos racionalmente distintos, el negro fue siempre usado como un ingrediente de color y vistosidad en ceremonias y desfiles. En otra parte añade: “La Altiplanicie Alto peruana fue sin duda el escenario físico menos propicio de América para la adaptación del hombre africano”. Explica después como el negro desapareció del país, habiendo quedado residuos de escaso volumen en los Yungas de La Paz y donde se han dignificado con su libertad, trabajo y su incuestionable inteligencia. Ese valioso libro, de minuciosa heurística sobre el negro, nos demuestra como el trato de ellos era de inconcebible crueldad, y cómo el sufrimiento de esos seres humanos sobre pasaba toda imaginación porque su condición de esclavo los sometía incluso al derecho de matarlos con la más absoluta impunidad para sus amos y asesinos. Sin embargo, señala una cualidad para los pocos negros que había en nuestra región: su condición servil les permitía conocer costumbres, modos y sentimientos para adquirir un “status” menos inferior que el de los nativos.

La escritora Julia Elena Fortún explica que las danzas de carácter social bailadas. En los altos salones virreinales dieron lugar a que las cofradías de negros, que generalmente se reunían en corrales, satirizaban a sus propios señores tratando de imitar desplazamientos del ciclo del minué.

Estas burlas eran reproducidas por los negros en las mojigangas y festejos espectaculares de carácter religioso. En esas ocasiones, presentaban danzas inventadas, que recuperaban los trajes de la época de Felipe III. En la coreografía nunca faltaba la matraca, un instrumento venido de África, que se tocaba en los actos litúrgicos de semana Santa.

La danza de los Morenos nació justamente en cofradías de negros. Más tarde, los mestizos del altiplano la adaptaron y, para mantener su esencia africana, incorporaron máscaras decoradas con rostros negros.
Josermo Murillo Bacarreza dice: Moreno.- Figura central que danza a un ritmo cansino para representar el dolor y sufrimiento que tenían los esclavos negros llegados a la América, para trabajar en las minas y que eran llevados a diferentes sitios con los pies encadenados.

Su traje bordado con hilos multicolores tiene un color plata haciendo referencia al metal que explotaban los españoles y pesa 50 kilos.

Su matraca un quirquincho que representaba a los Orureños, produce un ruido similar a las cadenas que arrastraba en su pies.

La Danza Morenada

Danza cuyo origen se remonta a la época colonial y se inspira en la trata de esclavos, a partir del traslado de negros traídos por los conquistadores españoles para que trabajen como laboreros en las minas de plata.

La danza tiene un ritmo lento y el andar cansino de los morenos hace ver como recorrían por las diversas latitudes de nuestro país para llegar desde los valles y zonas tropicales al altiplano.

La danza de los morenos evoca los días de la colonia. Nació justamente en las cofradías de esclavos llegados de África que se mofaban de los bailes de los señores blancos.

¿Cuáles fueron los elementos que ha formado y como se asociaron?

Si los españoles de la colonia tenían el privilegio de vida y muerte sobre los nativos ese derecho era aún más terrible sobre sus esclavos que ni en pragmáticas teorías, como ocurría con los indios había el menor asomo de protección y de defensa. Las prohibiciones para que los naturales expresaran sus ritos religiosos sus cantos y sus danzas autenticas solo fugaces tolerancias en las fiestas licenciosas del antruejo; esas premisiones fueron utilizadas por los nativos, especialmente por los “mitayos” de las minas de plata de Oruro, para sublimar sus sufrimientos con las expresiones de sus sentimientos en el cauce de sus adoraciones católicas que reemplazaron a sus ritos idolátricos.

Los elementos constituyentes de la danza de los morenos requieren pues un análisis. Su instrumentología es de origen africano y consiste en su matraca, reproducida por los esclavos negros con la fidelidad de sus reminiscencias; es una caja de madera con una rueda dentada y una lengüeta del mismo material, que al impulsarle en un giro resuena sordamente y que se utilizo siempre para señalar cambios de movimiento su único acompañante fue primitivamente el tamboril cilíndrico con una sola membrana cuya persecución se lo grava con la palma de la mano; estos instrumentos membranófonos son de creación e inventiva popular; ellas servían para mantener el ritmo de las danzas aborígenes. Más tarde la melomanía tan peculiar de los negros fue incorporando sucesivamente instrumentos de viento en cuya notación predominaban los contrabajos que le han dado un carácter de la composición musical de sus bandas y han contribuido a la polifonía de ellas; ese contra punto de tono de gravedad y hasta de majestad al severo y lento ritmo que se imprime en la danza; pero el “leit motiv” ha inspirado varias creaciones de autores anónimos, que han enriquecido al acervo musical de los morenos.

El paso de esta danza es lento y ordenado como si se recordara a los grupos de esclavos que andaban con severa uniformidad llevando sobre las espaldas pesos abrumadores. Ha sobrevivido con ese ritmo despacioso que ahora es solemne, una motivación escondida que hubiéramos deseado sondearla; ha suscitado una derivación de sorprendente belleza. Los danzarines varones (reyes morenos y caporales) marcan con un paso lento y ceremonioso.

Primeramente, cuando los negros esclavos habían sido liberados, eran pequeños comerciantes los que se disfrazaban como tales, pero la “morenada” como otros bailes folklóricos del carnaval han sido aprendidos por bellas señoritas de alta categoría social y que han impreso al conjunto y a su danza una admirable jerarquía estética y artística, efectúan movimientos sensuales, propios de las culturas negroides, el compás de la música de los “Diablos” de los “wacas” de los “caporales”, de los cullaguas, ahora se baila en los ámbitos sociales más distinguidos porque su impulso está identificado con la personalidad cultural y psíquica de los que vivimos con lo auténticamente nuestro como una reivindicación de un invalorable ancestro, y que es lo que nos identifica tan elevadamente ante las demás características del complejo nacional.

Antiguamente la representación del personaje femenino estaba a cargo de un hombre, que se disfrazaba con el traje típico de la mestiza paceña, se ponía botas y obviaba la manta; más tarde, estos personajes fueron sustituidos por jóvenes esbeltas y hermosas, que son ahora conocidas como las figuras.
El acompañamiento de esta danza lo ejecutan las bandas de cobres. La música es de carácter marcial con tiempos binarios marcados por el ritmo de las matracas. Todos los miembros de la comparsa llevan este instrumento. Menos el caporal (capataz) que lleva un látigo en la mano.

Vestimenta

Los esclavos negros tenían la imposición de usar un traje distintivo, que era una dura túnica cilíndrica con calzados bastos; lentamente ese traje se exornó con aplicaciones brillantes, después con bordados, y en esta labor se ascendió la fantasía de la artesanía y ahora el traje es una verdadera obra de arte, que por los elementos que se han añadido en el transcurso del tiempo se han hecho fantásticos como áurea y argentado armadura, pero que se armoniza con los movimientos de lentitud de la danza; los negros auténticos fueron desapareciendo, y fueron los que reemplazaron los artesanos, quienes para mantener la figura original, utilizaban máscaras reproduciendo la faz de aquellos y para cuya confección también la fantasía de los escultores utilizó todos los atributos del arte y de la producción original: motas de cabellos canoso para representar a esclavos envejecidos, sombrías semejantes a los que usaban por los españoles en el siglo XVII con amplias faldas y plumas que después se han hecho enhiestas, actualmente sobre los trajes se colocan enormes charreteras que a veces tapan la cara de los bailarines. A esto se suma el sombrero de latón, que lleva enormes plumas de marabú o similares exagerando el tocado de los señores de corte de la época, reprodujeron también el caporal o achachis, vestido a la manera de los mayordomos puestos por los españoles, provistos de un látigo, tiene abrigo de levitón con bordados metálicos y pantalón de raso asta la altura de las botas.

El prestigioso investigador Josermo Murillo Vacareza dice: la morenada es otro de los arquetipos de nuestro folklore urbano, han coincidido para acreditarlo los ignorados instrumentos que hacen creaciones maravillosas en la sinfonía de sus bandas y en las que no se pierde resonancia grave de los contrabajos; así mismo, los artistas en la artesanía del bordado que son los que modelan los trajes fantásticos, los que esculpen las mascaras a las que los dan un acento de ironía como si estuviera presente el espíritu de los amos tiránicos ante cuya transitoriedad sonríe sardónicamente la permanencia y eternidad de un pueblo que con su supervivencia los ha vencido; los mismos danzarines que han transformado el paso servil y humillante en una marcha de noble grandeza, y el advenimiento de bellísimas señoritas que en el relieve de su juventud y gracia, han idealizado este folklore, que así se han hecho impresionante y atractivo por todos esos elementos que le dan una sublime hermosura.

Volviendo a lo nuestro la morenada hoy en día es el espectáculo que mantiene el mismo nivel, continúa siendo atracción de multitudes como admiración de científicos del folklore y razón de la presencia de miles de turistas, es, por tanto único en Latinoamérica que atraen y llevan todos los espacios físicos especialmente en las fiestas del Gran Poder de La Paz y Oruro, La capital de Folklore, hasta donde convergen de bailarines.

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