Poemas para el Día del Padre Boliviano de los autores: A. Calcagno, Humberto Ortiz P., Laura Gutiérrez de Mileta.
En el día del Papá
A. Calcagno
Papá, dicen que es tu día
yo no entiendo: solo sé
que todo aquel que te ve
exclama con alegría.
“Lo felicito Señor
que los cumpla muy felices”
y tú; sonriendo les dices:
“Gracias mil por tal favor”
Y he visto que te han traído
lleno de encanto y primores,
un ramillete de flores
con el voto consabido.
¡Felicidades, papá!
¿Yo que te regalaré
si nada que date tengo?
a pedirte excusa vengo
y cuando tenga cumpliré.
Cuando sea grande papá
te ofrendaré en vez de rosa
virtud, ciencia y otras cosas
que nadie darte podrá.
Cancelada así veré
la deuda de mi cariño
lo que adeudo siendo niño,
cuando grande pagaré.
Mi papá
A.
Fuerte y arrogante
es mi buen papá
cuando estudio mucho
que contento está.
Y dice mi madre
cariñosa y fiel;
“Cuando seas grande,
serás como él.”
Carta a papá
Humberto Ortiz P.
Viejito del alma,
querido papá:
Te escrito esta carta
con la honda tristeza
de encontrarme lejos
del dulce hogar.
Nostalgia hoy yo siento
de nuestro solar,
de estar casi solo
sin oírte hablar.
No sabes la falta
que me hace tu sombra,
sentir en mi hombro
tu brazo seguro;
oír tu consejo,
tu sabia enseñanza
haciéndome un hombre
derecho y de bien.
Quisiera, mi viejo,
volver a tu lado
y más todavía,
volver a crecer.
Gracias Papá
Humberto Ortiz P.
En el lago camino de la vida,
cercado de angustia y riesgo,
siempre estuviste a mi lado
llevándome de la mano.
Todo lo hiciste por mi bien
con paciencia, con amor;
como el apacible jardinero
que cultiva la flor.
Y su alguna vez severo
en la reconvención,
fue para que no equivocara
el sendero de mi formación.
Me enseñaste en la niñez
el camino de rectitud,
abierto y sin doblez
para recorrerlo en la juventud.
Y ser, mañana, hombre:
íntegro, leal y sincero;
orgulloso de mi nombre,
de mi patria y de mi hogar.
Por eso, te doy gracias, papá:
Por tu celo y desvelo
enseñándome a discernir
el bien del mal….
¡Gracias, querido papá!
Papá
Humberto Ortiz P.
Como si fuera ayer,
Prendido a mi recuerdo
llevo tu sonrisa joven;
tu rostro iluminado
sobre mi cuna reclinado.
Paréceme sentir todavía
el calor de tu mejilla
en toda mi piel
y la sensación aérea
de cuando me echabas a
volar, – para mí, hasta el cielo –
recogiéndome luego,
en tus brazos fuertes.
Te veo…
juguete de mi niñez;
niño también,
retozante y travieso.
Paciente maestro,
ayudándome en mis deberes
cuando comencé
a ir a la escuela.
Amigo y consejero
en la dilemática etapa
de la adolescencia,
cuando los senderos
se confunden
y no se sabe si llevan
a la cima o al abismo.
Y hoy que ya son hombre
y tu frente veo
surcada de arrugas;
y brillando en tus sienes
abundantes canas.
Caídos tus hombros
hundido tu pecho,
tus manos endurecidas
y tu gusto preocupado
haciéndome crecer
– árbol derecho y sano –
gracias te doy papá.
Y te digo que como
cuando era niño:
te necesito todavía…
Te necesitaré siempre,
amigo leal y sincero;
compañero invariable…
¡Querido, papá!
Papá
Laura Gutiérrez de Mileta
Papá, te busco, no te encuentro,
te llamo, no me escuchas;
crecí y no te enteras.
Papá ya no me ignores…
Ayer me castigaron en la escuela
por irme a vagar a una plazuela.
Peleo, porque tengo mucha ira
al ser huérfano de padre vivo.
Deja un tiempo para mí en tu oficina,
de reuniones, de amigos y deportes;
necesito contarte mis problemas.
¡Necesito tu consejo y tu cariño!
Papá, no me dejes crecer como gusano;
yo no quiero juguetes ni dinero;
yo no quiero tu amistad y tu compañía.
¡Yo quiero a mi papá, quiero a mi amigo!