El alma del Sirionó

Narra: Gregorio Aricoy

Siempre pedimos al Abuelo. Cuando uno va de ida al monte a cazar, digamos, uno dice:

  • Abuelo, Abuelo, yo estoy de ida por necesidad, a buscar qué cazar para comer, usted me va a ayudar me va dar.

Entonces, uno mira al árbol y ya se encuentra bichos, ya uno caza. Nosotros solamente le pedimos al monte, a la selva nomás y así cazamos y traemos bichos.

Del Dueño, solamente yo le voy a contar la verdad, no le voy a mentir, pero nunca se ha encontrado conmigo, nunca lo he encontrado. Un año, para vísperas de San Juan le dije a mi suegro:

  • Vamos a cazar, llevemos estos perros, son buenísimos.

Nos fuimos y llegamos a un agua, ahí nos quedamos. Habíamos cazado cuatro puercos con ayuda de los perros. Ahí nos pusimos a charquear y a asar la carne. En ese lugar había una casita. Cuando más o menos a las tres de la mañana, por ahí se escucharon unos gritos. Yo escuché, yo estaba despierto, escuché ese grito: ¡iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiüiiiüiüyupó! Y seguía, ¡iüiiiiiiiiiiiiiiipu! Se escuchaba y venía un sur con agua, un chiuchi.  Entonces, le dije a mi suegro:

  • Suegro, no sé qué es lo que viene gritando.
  • A ver, ¿qué es? ¿quién será? ¿quién será?

Entonces, mi suegro se levantó y otra vez escuchamos el grito:

  • ¡IiiiiiiiHiiiiiiiijuuuuuuu!.
  • ¿Escuchó?
  • Sí, ¿será el diablo? ¿O será alma de sirionó?

El grito se escuchó cerquita a nosotros:

Entonces, mi suegro agarró su arma y yo agarré mi arma también:

  • Si viene, le vamos a meter un tiro.

Los perros estaban echados, pero estaban escuchando. Se ve que ese que gritaba llegó a unos diez metros del campamento y recién comenzaron a aullar: ¡au, au, au, au, au! Los perros fueron a su encuentro, lo siguieron y lo llevaron por ahí lejos. Se volvieron los perros y no supimos qué era.

Mi suegro tenía en su mente que ese que gritaba era el alma de Sirionó, porque por ahí paraban los Sirionó. Por ahí paraban antes, ahora ya no hay, pues ya se murieron, esa tribu desapareció. Eran muy delicados. Ahorita no hay ni uno, ni hijos, todos desaparecieron. De nada se morían, de dolor de cadera, de los ríñones, de eso. Se han terminado, ya hará más o menos unos 40 años. Entonces, yo le dije a mi suegro:

  • ¿Qué será?
  • Será el diablo. ¿Quién va estar andando tarde en la noche oscurana y por el caminito?

Un año después, nos fuimos a la fiesta de Urubichá, yo y mi señora, mis primos hermanos, con su señora. Bueno, toda la gente se vino de la fiesta y a nosotros nunca nos dejaban salir. No querían dejarnos, mañana se van a ir, mañana, Hasta que salimos.

Estábamos cerca al 6 de Agosto, teníamos que hacer vestidos de los colegiales.

  • Vámonos, porque hay que hacer vestidos para las chicas.

Entonces escapamos. Tarde salimos de Urubichá. Por el camino pasamos por la casita, subimos y mi hermano me dijo:

  • Aquí hay cachimbo, pipa.

Le metimos tabaco, nos pusimos a fumar, ya era de noche. Yo voy a ir adelante dijo, tú atrás, las mujeres al medio. Muy bien, comenzamos atacar la pipa, comenzamos a fumar.  Cuando escuché otra vez, ese grito, cerquita:

  • ¡Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiijuuú!
  • ¿Qué es? ¿Qué puede ser? Esperemos, ese es un mal, será el diablo. Vamonos.

Yo digo que es un mal que aparece, es el diablo.

Nosotros fumábamos para que los diablos huelan el tabaco. Oliendo el tabaco se van, se desorientan. Si el tabaco es fuerte, desde un comienzo, el diablo se desorienta.

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Primero sembraron yuca