De la Tiluchi y la Cuyaba

Narra Erlan Rojas.

Yo he aprendido los cuentos que me contaban los abuelos en la lengua movima, cuando ya fui mayorcito recién aprendí a hablar el castellano. Medio que lo hablo ahora, pero ya traduzco, puedo traducir lo que he hablado y lo que es mi lengua nativa, mi lengua materna.

Este es un relato que me hacían mi abuelo y mi abuela. Principalmente, mi abuela era la que se sentaba y nos conversaba. Este cuento se trata de un tiluchi, el hornero que llaman actualmente, el tiluchi es el hornero y el bahui, es uno de los pajaritos. El hornerito que hace su casa como un horno dividido en dos partes. Y el bahui es el cuyabo, el que duerme por ahí, en un pedacito de palo en los pozos.

Bueno, mi abuela me decía que había un tiluchi, el tiluchi es valiente. Sabe hacer su casa, prepara el barro con hojitas, con pajitas, es un material fino que no lo destruye el aguacero, no se deshace, eso se seca y es puro paja con barro. Cuando el tiluchi vio al cuyabo, se compadeció. Le tuvo una gran una lástima a esa ave porque no sabe ni hacer nido, se duerme donde le coge la noche. Cierto día llovió y el cuyabo estaba temblando, mojándose. Entonces, el tiluchi le habló y lo llamó a su casa. El cuyabo entró a la casa del tiluchi contento. Resulta que los dos pájaros eran hembras ya eran comadres, estaban en sus charlas:

  • Vas a vivir aquí, comadre, allá has sufrido mucho de frío.
  • Sí, comadrita, estoy muy agradecida.

La tiluchi se iba a su trabajo, mientras la cuyaba se quedaba a dormir, sólo cuando era de noche recién salía a buscar qué comer. Cierto día se sentaron a conversar en la puerta de su casa, se estaban contando todas sus aventuras de ese día. La tiluchi como se duerme temprano, ya nomás quechi meterse a su cuarto. Su cuarto era el segundo cuarto, la tiluchi dormía al fondo. La cuyaba en la puerta nomás, con frío. La tiluchi se despidió de la cuyaba y le dijo:

  • Bueno, comadrita, vamos a descansar ya estoy con sueño. Ya es tiempo de descansar nuestra bocaza —le dice la tiluchi.

La cuyaba se halló ofendida porque realmente la boca de la cuyaba es grande. Su chiste nomás era de la tiluchi. Pero, la cuyaba ya nomás le responde a la tiluchi.

  • Ah, comadrita, vamos de una vez a que descansen nuestras canillingas secas de una vez, que no estén trabajando.

Claro, la tiluchi tiene la canillinga delgadita, sequita, y se ofende entonces la tiluchi le dice:

  • ¡Ah, no! Te tengo aquí en mi casa y no me respetas. ¡Fuera comadre!

La tiluchi la saca a patadas de su casa y la cuyaba se va para siempre. Por eso actualmente, el cuyabo no tiene ni casa, duerme donde le coge la noche, y bueno, el tiluchi se queda en su casa.

Ese cuento nos contaban nuestras abuelas, porque tiene su significado. Nos preguntaban cómo nosotros entendíamos el cuento y nosotros ya le decíamos que entendíamos de esta forma. Nosotros cuando nos llama una persona a su casa, tenemos que portarnos lo más humildemente. Y si algo nos dice la dueña de casa, nosotros debemos callarnos, eso es lo que nos enseñaban los abuelos. Porque si le respondemos, nos pasa lo que le pasó a la cuyaba. El Dueño de casa nos saca a palos, a chicotazos.  Esa era la forma de cómo iban enseñando, educando a la niñez.

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